Tienen algo. Más que algo. Se siguen los pasos, se reconocen el aroma, se rozan y también muchas veces se encuentran de frente y se complementan. Entre periodismo y blogging hay confluencias, pero también caminos paralelos.

Muchos periodistas escriben en blogs, se alimentan de blogs, pero no todos los periodistas usan esa forma de estar y ser en la red. A la inversa, el ciberespacio está repleto de bloggers que no son periodistas y que no tienen ningún interés de hacer periodismo, eso le da amplitud a los temas y a las formas de contar que se agradece.

El quinto poder, tiene nombres de bloggers y de bloggeras. Por separado, encontramos de todo. Individualmente, esas contribuciones pueden parecernos no dignas de confianza, sin interés o banales al extremo. Pero colectivamente, son potentes. Generan una conversación permanente de voces distintas que antes no nos era posible escuchar, ni menos participar.

Por eso hay confluencias. Periodismo y blogging tienen camas separadas, pero se “miran” siempre y cuando tienen ganas se juntan. Los blogueros están atentos a lo que pasa en la sociedad y a lo que se construye desde el periodismo. Vigilan a los medios, como los periodistas vigilan a los poderes, eso dice por lo menos el rol de “watchdog” de la prensa en democracia. Por eso, es mejor ser amigo de los bloggers y así lo han entendido medios como Wall Street Journal on line (blogger friendly), y muchos políticos que optaron por agregarlos a sus listas de invitados.

Los llamados medios tradicionales llevan un tiempo probando formas de convivir con el diverso mundo blog. Le Monde no sólo ofrece los blogs de sus periodistas, sino un contundente servicio de blogs para sus usuarios: más de cinco mil participantes respaldan la apuesta. La señal es potente, bajo la marca de Le Monde, sus lectores tienen techo. Tal vez es un reconocimiento, ojalá un puente para que las agendas se permeen y que el debate se enriquezca.

En Chile, también se está probando. Dos ejemplos recientes son el nuevo sitio de la Radio Cooperativa, sin jerarquía noticiosa, que ofrece los “blogs cooperativos” en que escriben mayoritariamente sus clásicas voces. En La Nación, la invitación es en “Comunidades” para que los lectores se tomen ese espacio.

Al parecer, la idea es que la gente participe y evidentemente la participación ciudadana reducida a los espacios de cartas al director ya no es suficiente. Para muchos este es un tiempo maravilloso en posibilidades. “El capitalismo mediático está en crisis. Todo lo que seamos capaces de hacer o soñar puede construir nuevas formas de comunicación que recuperen su sentido”, se lee en el libro El final del periodismo y otras buenas noticias, escrito y editado por La Vaca en Argentina. Con el relato de casi 200 experiencias, el libro da cuenta lenguajes y canales propios de comunicación denominados “medios sociales de comunicación”.

Pero a esta historia de amor y desconfianzas le quedan muchos capítulos. Una señal se explicitó este verano en el II Congreso Internacional de Burgos, en España. Fue inaugurado por el príncipe heredero y participaron cientos de profesionales iberoamericanos de muchos importantes medios, parte de sus conclusiones proponen un retorno al periodismo tradicional. Los blogs serían una fuente de subjetivismo que coloniza los espacios de la información pública relevante y que degrada a los medios.

¡Plop! como diría Condorito, alguien se desconectó. Lo que sí es cierto, es que uno de los grandes desafíos que tiene el mundo blog es la credibilidad. Para José Luis Orihuela, autor del libro La Revolución de los blogs, la gran batalla es cómo hacer transparente la información que se publica, para saber quién escribe bajo qué intereses, quién está pagando a la gente que escribe en la Red, en sitios aparentemente personales y gratuitos, con qué intereses políticos y/o empresariales.

Victoria Uranga Harboe
Directora Cátedra Unesco-UDP
“Medios de comunicación y participación ciudadana”

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