Ahora la ANC sesiona, las elecciones a gobernadores se acercan ‒el tiempo volverá a acelerarse‒, la épica se disipa en los cotidianos, y dos dimensiones emergen en su debate y/o crisis: la política y la económica.

Como si de un día para otro las trincheras del este de Caracas se hubieran borrado. Como la niebla, algo que ocupaba hasta la saturación y ya no existe. Tan nítido como una derrota, tan veloz como el declive que comenzó el 25 de julio y se hizo incuestionable pasado el día 30. Se deshizo el escenario de guerra callejera que ocupaba las imágenes, los titulares, las declaraciones, las redes. El pasado inmediato parece lejano, los cuerpos en llamas, los ataques nocturnos cerca del Palacio de Miraflores, el casete repetido de la autopista Francisco Fajardo con gases, escuderos y shows, todo parece recuerdo con olor a ceniza.

¿Es pasado el pasado? Una pregunta para contestar sería: ¿dónde están los grupos de choque que se perfeccionaron durante tres meses, las estructuras paramilitares que asediaron pueblos durante días, las bandas que actuaron mercenariamente? Resulta difícil pensar que hayan regresado a sus casas.

La normalidad entonces. El orden dentro del desorden de una época histórica marcada por un proceso de golpes al estómago para quitar el aire y crosses para noquear. La posibilidad de pensar de manera menos aturdida que la impuesta por un tiempo insurreccional. Una vez la neblina desaparecida, el enemigo en reacomodo con signos de crisis y mano visible norteamericana, llega la mirada hacia uno mismo, es decir nosotros, la revolución. De eso se trata, ¿no? Una zona de análisis compleja, marcada por la necesidad de repensarla, teorizarla, revisar y abrir posibles preguntas:

¿Cuál es la estrategia chavista? ¿Hacia dónde queremos ir?

Salimos de la esquina con la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). El presidente acertó y condujo. La batalla política, la dimensión de lo que encerraba la confrontación, sus posibles resoluciones, dio la épica del 30 de julio. Como si los demás problemas hubieran quedado relegados ante la posibilidad de que el país ingresara en una posible confrontación civil, una lógica de gobierno paralelo e imposibilidad de volver a encontrar un punto de resolución democrática al conflicto. Ahí está una de las razones de la masividad del voto.

Ahora la ANC sesiona, las elecciones a gobernadores se acercan ‒el tiempo volverá a acelerarse‒, la épica se disipa en los cotidianos, y dos dimensiones emergen en su debate y/o crisis: la política y la económica.

La política

Existen contradicciones y no podría ser de otra manera. La pregunta podría ser cómo se procesan. Una de sus manifestaciones es que el proceso revolucionario, desde lugares de dirección, crea instancias y sujetos con los cuales luego tiene dificultades para relacionarse. Un caso paradigmático es el del movimiento comunero, un sujeto ‒subrayado como estratégico por Hugo Chávez‒ ante el cual la dirección y las instituciones mantuvieron y mantienen de manera mayoritaria una relación centrada en el intento de desconocimiento y/o control. La dinámica podría sintetizarse de la siguiente manera: quienes abren puertas luego tienden a cerrarlas, y quienes fueron convocados intentan abrirlas.

Eso mismo parece manifestarse en el caso de la ANC, con las particularidades del espacio y lo incipiente de la instancia instalada. La Constituyente contiene una riqueza, tanto en su representatividad de la sociedad venezolana como en su carácter popular. Se trata de comunero/as, campesino/as, trabajadore/as, estudiantes, indígenas, personas con discapacidad, pensionado/as, empresario/as y representaciones territoriales. ¿Qué tiene por decir ante el país ese mundo allí reunido? La política que se abrió con la convocatoria no partidista parece volver a encerrarse en el mismo lenguaje, los mismos cuerpos, los mismos nombres.

No es un secreto que existe una necesidad de renovación al interior del proceso ‒esto, como las contradicciones, es inevitable‒. Parte de esa posible renovación se encuentra sentada en la ANC y en la dinámica que muchos allí plantean: salir a los territorios, ir al encuentro de los comunes, abrir el juego, las críticas, propuestas, la construcción de las soluciones. Eso permitiría evitar que la ANC se transforme en un nuevo poder público que sesione entre cuatro paredes. Porque de lo que se trata es de crear un movimiento histórico de participación protagónica donde el pueblo sea parte de los debates, las creaciones constitucionales, las fórmulas posibles de resolución de los problemas, los horizontes de sociedad hacia los cuales se quiere ir. Debe ser, como fue planteado, un proceso constituyente, un poder originario.

Entre las palabras y las realidades existen distancias. También la posibilidad de acortarlas.

La económica

La posibilidad de una ANC que no hable la lengua de la gente de a pie se agudiza por la situación económica. Si en lo político hemos retomado la iniciativa ‒el debate sobre la ANC es de avanzada en el ejercicio democrático, en particular en este cuadro latinoamericano‒ y es todavía el conflicto en su dimensión política lo que le da superioridad al chavismo, en lo económico la situación contra las cuerdas no ha cambiado. Fue evidente cómo luego del 30 de julio el ataque sobre la moneda se disparó con furia, y cómo la mayoría de la población vivió y vive la impunidad de la especulación, los precios disparados, la pérdida de poder adquisitivo, el desmejoro de las condiciones de vida.

La explicación política de las razones de la situación económica puede crear un mecanismo de resistencia prolongado en la población. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo decir que existe una guerra económica, hará que se aguante? ¿Hasta qué punto la revolución no se desarma en silencio a medida que el retroceso material no se frena?

Medidas entonces. Es el pedido popular evidente. En lo inmediato para frenar el alza de precios de todos los productos y servicios ‒salvo aquellos en manos del Estado, como el Metro, por ejemplo‒ la fuga de billetes, la dificultad para conseguir medicinas. Se necesita autoridad en los hechos, castigo para la especulación y corrupción. Esto último es clave: la corrupción, privada y pública, agudiza la situación de dificultad, ubica una dimensión del problema al interior de las filas del chavismo. Se vio con la mafia de la Fiscalía General. ¿Allí empieza y termina todo?

Existe también un nivel de lo estratégico en lo económico. Allí se juega una parte central del modelo de sociedad en construcción. Parece existir un consenso acerca de que se deben contemplar tres formas de propiedad: privada, estatal, social/comunal. Las señales actuales indican una concentración de esfuerzos por parte de la dirección en apostar a lo primero, trabajar para la emergencia de un empresariado nacional ‒¿hasta qué punto puede desarrollarse una burguesía nacional en las economías latinoamericanas actuales?‒ y mantener acuerdos con las grandes empresas importadoras, señaladas a su vez, en su mayoría, como responsables del desabastecimiento y alza de precios.

No resulta claro en cambio cuál es la apuesta al desarrollo de la economía en manos del Estado ‒habría que definir en qué áreas y realizar balances sobre lo intentado en estos años‒ y de la economía social/comunal. ¿Se trata de una decisión debida al cuadro de crisis, es decir que más adelante habrá una voluntad nacional/comunal, o es que la estrategia es el sector privado con una subordinación de las dos otras propiedades?

Este cuadro ‒incompleto‒ está inmerso en una dificultad por los precios del petróleo, y enfrentado a un ataque económico declarado y dirigido por Estados Unidos. El objetivo es aislar, asfixiar, crear un bloqueo para agudizar las dificultades materiales, el desgaste en la población y su distanciamiento con el gobierno. En ese contexto debatimos. Con una pistola que apunta de frente.

La neblina despejada permite abrir debates, repensar las prácticas, estrategias, horizontes. ¿Hasta cuándo durará? ¿Cuándo volverán la derecha y Estados Unidos a desencadenar una nueva insurrección? Tal vez ese razonamiento esté equivocado: la insurrección es hoy, y no es callejera sino económica. La lógica indica que responder a esa escalada con las mismas fórmulas que se han intentado en los últimos años dará resultados similares. Se hace urgente cambiar las fórmulas, al menos que los resultados parezcan buenos, o no tan malos en vistas del escenario que se enfrenta. ¿Buenos en los números macro, en la vida de la gente de a pie?

Las expectativas populares están puestas en la ANC. ¿Dónde más depositarlas, si no? Para eso fue votada, para respuestas concretas inmediatas y estratégicas. La derecha, en su año y medio al frente de la Asamblea Nacional no las construyó, solo enfocó su táctica en la agudización de la confrontación política en la escalada golpista. No supieron administrar su victoria, no aparecen como alternativa para solucionar las necesidades. Es parte de su crisis. ¿Cómo administrará el chavismo su victoria del 30 de julio? Hasta el momento el enfoque estuvo en la justicia, el conflicto político, la instalación de la arquitectura institucional para la ANC.

Llegó la hora de la economía, de rever los equilibrios.

Y eso es una decisión política.

Por Marco Teruggi

Publicado originalmente el 24 de agosto de 2017 en Alba Movimientos

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