El pasado miércoles la Superintendencia de Salud, que preside Sebastián Pavlovic, publicó, como es su obligación, el desempeño financiero de las aseguradoras privadas de salud. Al primer semestre del año el curso, las isapres, que no son más que un puñado, obtuvieron utilidades por más de 55 mil millones de pesos (unos 86 millones de dólares), cifra que representó ni más ni menos que un aumento en sus ganancias del 131 por ciento respecto al primer semestre del año pasado. Un alza atribuida a una mayor recaudación por primas GES.

Según explicó el mismo Superintendente, actualmente una de cada cuatro personas utilizan el GES en el sistema privado de salud. Una subutilización del sistema de Garantías Explícitas que otorga el Estado que no estaría apuntando a su objetivo, que es beneficiar vía subvención a la población. El GES en este caso se ha convertido en un subsidio que favorece a las aseguradoras, bien y sobradamente beneficiadas durante su historia.

Que no cumpla el GES su verdadero objetivo es nuevamente efecto no sólo de la inoperancia estatal, sino una expresión del opaco destino de numerosas políticas públicas. En este sentido, nuevamente el Estado chileno, que no se destaca por su solvencia ni menos por su generosidad, entrega sus recursos a quienes no los necesitan. Pensamos que es inoperancia, aun cuando, en la actual escena política, podrían haber atisbos de corrupción, como ya lo ha habido, y de forma espesa, en este sector.

El sistema isapre no alcanza a cubrir ni al 20 por ciento de la población nacional, lo cual se relaciona con la verdadera y desequilibrada distribución de los ingresos. Porque al observar el nivel de salarios de los cotizantes de las aseguradoras, vemos que el 72 por ciento tiene sueldos superiores a los 700 mil pesos, en tanto un poco más del 20 por ciento realiza cotizaciones por ingresos entre 300 mil y 700 mil y un escaso cuatro por ciento bajo los 300 mil. Aun así, es un importante y voluminoso sector de la población convertido en un lucrativo nicho de mercado para las codiciosas aseguradoras, situación que se expresa cada año en una constante alza de las primas de los cotizantes, además de discriminación abierta por edad y sexo del asegurado y asegurada.

Foto: fundacioncrea.cl

Las isapres trascienden el negocio de los seguros y reproducen los mismos vicios y distorsiones que otras grandes corporaciones en la escena neoliberal. De partida, está la fuerte concentración del mercado, estructura que se reproduce en otras áreas de la economía. Pero junto a la concentración existe una oscura trama de integración vertical.

Para el gran capital los negocios están en cualquier parte. Puede ser la salud, la educación, las finanzas, hasta la misma compra de políticos, posiblemente hoy la actividad más rentable en Chile. Empresas Penta, especializada en esa área, dueña de uno de los mayores holdings médicos del país, obtuvo las mayores ganancias entre sus pares, obteniendo más de 15 mil millones de pesos.

Es una vergüenza que la mayor isapre de Chile, Banmédica, beneficiada por los subsidios del Estado, sea parte del grupo Penta. Con toda la costra de corrupción, este consorcio es un buen ejemplo de cómo se trafica en Chile con la salud privada, se desvían recursos públicos para la codicia privada y se exprimen a los ciudadanos. Este consorcio, controlado por Carlos Alberto (Choclo) Délano, Carlos Eugenio Lavín y Eduardo Fernández León, posee las clínicas Santa María, Dávila, HELP, Clínica Vespucio, Bío Bío, Ciudad del Mar, los centros médicos Vida Integra y Home Medical Clinic. Un modelo de negocio de integración vertical de tres pisos (isapre, clínica y centro de prestaciones médicas)  cuya finalidad es lucrar y encarecer la salud de los chilenos. Los 86 millones de dólares obtenidos como ganancias durante este primer semestre son una muestra palmaria de la falta de regulación y entrega de los otrora derechos al apetito del mercado. ¿Qué otro negocio (legal) puede aumentar su rentabilidad en un 101%?

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