Un 49% de la población cree que la educación es la mejor herramienta para salir de la pobreza

La cifra habla por sí sola en momentos donde prevalece la enseñanza que segrega en lugar una versión integral. Conversamos con Pablo Walker, capellán de la fundación, y profundiza en algunos conceptos educativos.

16 May 21:05
#Chile, #Educación, #Portada, #Sociedad

Este martes el Hogar de Cristo publicó una encuesta acerca de la percepción sobre la pobreza. El estudio, realizado en conjunto con Adimark, entrevistó a mil personas que expresaron su parecer a partir de las alternativas del cuestionario.

Una de las respuestas que llamó la atención fue la que tuvo relación con las herramientas que existen para combatir la pobreza. En ese sentido, el 49% de los consultados cree que la educación es el instrumento más efectivo.

En conversación con El Ciudadano, Pablo Walker, capellán del Hogar de Cristo, afirma que esta respuesta se alinea con lo que creen desde la fundación.

“La única manera de instalar capacidades no solamente para el propio desarrollo, sino que para aportar desde la propia identidad, en un país diverso, es a través del derecho a la educación”, comenta.

Según el sacerdote, es peligroso que en Chile no se indague en otra alternativa educativa a la actual; una que no sea segregadora. “(El modelo de educación) no permite que personas desde la más tierna infancia aprendan a relacionarse en relaciones de respeto, de reconocimiento mutuo. Si no instalamos a temprana edad la capacidad de reconocer la dignidad igualitaria –en términos cristianos decimos trascendente– sin condiciones, independiente de la familia que vengas, el tipo de raza, el tipo de pueblo originario al que pertenezcas; vamos a seguir reproduciendo clasismo, racismo, machismo, xenofobia, que son un gran obstáculo para construir un país”, dice.

De qué hablamos cuando hablamos de educar

“Educar es sacar fuera. Reconocer en cada sujeto no un lugar vacío que hay que rellenar con determinado tipo de adoctrinamiento, con un tipo de expectativa del medio desde el cual venimos, sino que ver en cada persona un pozo donde hay un espíritu santo, donde hay una dignidad sagrada, un potencial humano que tiene que ver con su origen, con la historia de su pueblo, de su familia, de su procedencia”, afirma Walker.

Pablo Walker, capellán del Hogar de Cristo. Foto: El Rancagüino

Esto no existe en la actualidad, según el capellán. La disciplina que sí se aprovecha de este vacío de búsqueda vendría a ser los ofertantes de identidad, que captan adherentes por medio de la publicidad captan adherentes.

El problema es ir generando identidades con marcas, con medallas, con pertenencias a grupos que son ficticios. Yo no pertenezco en realidad a una marca de zapatillas, pero me quieren convencer de que sí. Lo complejo de construir identidades a partir de objetos de consumo es que no instalan ni las capacidades de los vínculos de reconocimiento, donde pueda perdonar, esperar, escuchar, construir con otro relaciones de construcción de un bien común, no de supervivencia”, afirma.

Al final, relaciona la falta de identidad, a no pertenecer, como una de las génesis del miedo (a no ser escuchado, por ejemplo). “Es muy grave lucrar con el miedo a no ser nadie, es lo mismo que hace la narcocultura”, dice, y agrega que las “personas que han sido excluidas de generación en generación ven en el narco del pueblo la posibilidad de pertenecer, y acceder a estándares de consumo que me hagan ser alguien. Frente a esa mirada, que es un derivado de la lógica del mercado –por cómo uno puede venderse a sí mismo–, viene otra mirada que tiene origen en Jesús y en el mundo de los filósofos; esta dice que yo no valgo por lo que tengo, sino que yo valgo por una ley inscrita en el corazón que se llama dignidad. Tratar a las otras personas con esos estándares instala capacidades para vivir juntos, los que somos distintos. Capacidades para priorizar a las personas que han sido más excluidas”.

Revisa el estudio en el siguiente link.

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