El ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vázquez Plaza, confirmó este miércoles la condena a 35 ex miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) por su participación en el secuestro calificado de Reinalda Pereira Plaza, militante del partido Comunista, quien al momento de su detención en diciembre de 1976, tenía cinco meses de embarazo.

La condena varía en los distintos casos dependiendo del grado de responsabilidad en el delito. Es así como los agentes Pedro Octavio Espinoza Bravo, Juan Hernán Morales Salgado y Ricardo y Víctor Lawrence Mires fueron condenados a 10 años como autores, mientras que el resto fue sentenciado a siete y cuatro años de presidio.

Además, se condenó al fisco a pagar una indemnización de ciento treinta millones de pesos al cónyuge de la víctima.

Reinalda Pereira tenía 29 años y cinco meses de embarazo cuando fue secuestrada. Era militante comunista y tecnóloga médica. Según el fallo,  la mujer fue interceptada aproximadamente a las 20:30 horas del 15 de diciembre de 1976, en la calle Exequiel Fernández esquina Rodrigo de Araya, mientras esperaba locomoción colectiva.

Posteriormente, según la resolución judicial, Pereira  fue trasladada al cuartel secreto de reclusión Simón Bolívar, lugar en el que estuvo junto a otros privados de libertad, detenidos por las mismas brigadas entre el 13 y 15 de diciembre de 1976.

Ese mismo año, el Ministerio del Interior de la dictadura aseguró que Reinalda se fue a Argentina, cruzando “a pie” por el paso Los Libertadores, lo que dos años después se comprobó que era falso.

Los casos de la Vicaría: Una mujer embarazada en los cuarteles de la DINA

Lo ocurrido con Reinalda se ha podido conocer debido a las declaraciones de agentes de seguridad procesados en la investigación que realizó el juez Víctor Montiglio a partir de 2007. A esto se suma el testimonio de Jorgelino Vergara, quien tenía 16 años al momento de los hechos y que llegó a Simón Bolívar tras trabajar como mozo en la casa de Manuel Contreras. Vergara, quien era conocido como el “mocito”, combinaba labores domésticas, como servir los cafés durante las sesiones de tortura, con tareas de centinela, las que realizaba provisto de armamento.

El testimonio de Vergara, recogido en extenso en la investigación periodística La danza de los Cuervos de Javier Rebolledo, explica en detalle el tránsito de la militante del PC por Simón Bolívar.

De acuerdo a este relato, cuando Reinalda ingresó al cuartel, Vergara vio a una mujer embarazada (desconocía su nombre) que era torturada en la parrilla –una cama, generalmente metálica, en que los detenidos eran maniatados y sometidos a vejámenes. El “mocito” también fue testigo de cómo Barriga y Lawrence golpeaban a Reinalda con distintos objetos.

“A esa mujer la torturaron brutalmente, y ella clamaba para que pararan porque decía que estaba embarazada. La teniente Calderón chequeó que eso era efectivo, pero igual el capitán Barriga siguió con las torturas y la corriente. Estaba en muy mal estado y empezó a pedir que la mataran. Lawrence fue a buscar una sartén y la golpeó. Al mismo tiempo, Barriga efectuaba simulacros de ejecución con una pistola vacía sobre la sien de la mujer. Murió unas tres horas después, en el gimnasio del cuartel. La teniente Calderón le inyectó cianuro en la vena para asegurar su muerte”, declaró el mismo Vergara antes el juez Montiglio.

Tras su deceso, tal como ocurrió con otros prisioneros asesinados en Simón Bolívar, las huellas digitales de Reinalda fueron quemadas con un soplete para dificultar su identificación.

Fuente: Radio Universidad de Chile / Los casos de la Vicaría

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