Santiago Sinclair en su disfraz de senador designado de Pinochet

 

 

“Contreras, los muertos que matasteis gozan de buen salud”. Jecar Negme

Dejó de ser importante que los años nos muestren unos viejos por donde el tiempo inexorable deja sus marcadas huellas. Debe interesarnos fundamentalmente cómo la historia deja sus marcas en ellos, su perfil de criminales junto a sus pares, su cómoda guarida de uniformados para quienes el nombre y la vida de los otros tiene nulo valor. Lo fundamental es que se siga dando cada vez más razones para combatir esa miserable victoria militar que dejó en la hora justa el nuevo tiempo por llegar.

No nos interesa saber en qué mundo habitan esos fantasmas pordioseros de Punta Peuco, sabemos que están en ese lugar porque desde la calle salieron las razones para que desde allí vistan de madera en su hora de salida.

SANTIAGO SINCLAIR quien fuera Comandante del Regimiento Coraceros en la ciudad de Valdivia en septiembre de 1973, muestra una vez más la criminalidad que desataron los militares convertidos en toda una jauría desatada, buscando en cada esquina de la patria a los culpables de nada.

A pesar de las limitaciones de todo tipo que abrazan a SANTIAGO SINCLAIR, que lo nublan de manera constante, y que superó entre marchas de música como un yanacona en oferta y pisando cadáveres, ocupó un lugar en la funesta junta militar para actuar como vocero de la ultra derecha y del alto mando de las FF.AA. Hace recordar a Calígula que instaló con todas las de la ley, a su caballo, como representante designado para el sector social minoritario que lo aceptó encantado.

En esos primeros meses después de consumado el golpe militar, cuando un pobre era sospechoso, un mal vestido un doble agente, una sotana hablando del reino de Dios en la tierra un comunista, todo para ellos era lo mismo, todos enemigos sin derecho a mirar la bandera, por eso y por tantas razones más, tortura, golpes y finalmente la espalda al muro de un regimiento. Casi nada para defenderlos, sencillamente confiar en aquellos momentos sencillamente en ellos, saber que de sus bocas no saldría nada, y no salió nada, nadie pidió perdón, nadie gritó arrepentimiento, cada paso que dieron allí quedó para ser testigo del crimen que cometieron con ellos.

Generales cobardes…SANTIAGO SINCLAIR está en el banquillo de los acusados.

Un viejo general que rememora sus grandes batallas contra campesinos analfabetos, trabajadores del campo que hablaban con los árboles y los pájaros en las montañas de Liquiñe, Nahuelbuta y Neltume. Ordenó SINCLAIR la mayor cantidad de palos a esos hombres indefensos, para que respondieran por el Plan Zeta, para que entregaran las armas, la lista de inocentes que iban a morir cuando se diera la orden. Todo un general mentiroso, cobarde, asesino y con galones, como tantos en ese largo listado de traidores engalanados de baja estofa.

En el regimiento Coraceros de la ciudad de Valdivia fueron fusilados 12 chilenos consecuentes, demócratas y revolucionarios. Los medios de comunicación en esos primeros meses hicieron público que fue un Consejo de Guerra quien los encontró culpables, y por aquello deberían pagar con sus vidas.

NO hubo tal Consejo de Guerra. Se urdió todo un largo listado de mentiras y falsedades sencillamente para que Arellano Stark cumpliera con lo que Pinochet le había ordenado. MATAR ERA LA ORDEN (1). Los zarpazos del puma llegaron también a Valdivia. Ningún lugar de la patria se salvó de la caza al hombre.

“No hagan Consejos de Guerra, apliquen ley de fuga” Arellano Stark

Fácil fue para los militares en la ciudad de Valdivia la captura, la tortura y finalmente el fusilamiento, ellos mismos habían redactado las razones, los motivos y el largo listado de falsas acusaciones las sacaban desde sus bolsillos. Nuestros muertos no tuvieron derecho a defenderse, fueron asesinados por estar parados en sus dos píes como hombres libres, así quedan de lejos sus verdugos, así trabajamos y debemos escribir nuestras historias.

El día miércoles 3 de octubre de 1973 cuando la noche ya había caído, José Gregorio Liendo Vera, casado padre de un hijo, fue llevado al recinto militar de Llancahue de la IV división del ejército y lo fusilaron. Dejó escrita una carta a su hijo que nunca fue entregada y se despidió insultando a sus fusileros por estar del lado de los traidores.

SANTIAGO SINCLAIR niega cada una de las acusaciones que sobre él y la responsabilidad que tenía en esos momentos. Justificó en su precario y criminal accionar que esas muertes estaban ajustadas a derecho, y que las Fuerzas Armadas no cometían ningún crimen llevándolos al paredón. Así deben pagar los enemigos de la patria dijo.

El día 4 de octubre a las siete de la tarde fueron arrancados desde sus celdas otros once campesinos acusados de atacar el retén de Neltume, (2) los fusilaron una hora después en el mismo lugar que el día anterior había asesinado a Liendo Vera. Sinclair da la orden de que los ataúdes sean enterrados al día siguiente a las cuatro de la tarde. Doce cajones de madera bruta guardaron a nuestros compañeros, desde los cuales chorreaba la sangre que generosa entregaron esos pobres del campo y la ciudad. Diego Muñoz, capellán militar intentó una predica pero fue rechazada por los familiares que estaban enterrando a nuestros muertos.

En esa hora, en esa oscura y maldita hora, María Inés Ruz le colocó el nombre a esa historia, que no se apagará sencillamente porque nosotros queremos que permanezca por el tiempo de los tiempos.

Pedro Barría tenía 23 años y sufría de un grave impedimento físico, que lo obligaba a usar una muleta. Fue detenido junto a José Gregorio Liendo y cuenta Yolanda Avila esposa del Comandante Pepe, que mientras subían la montaña Liendo cargaba en sus espaldas a su compañero de lucha. Pedro Barría pudo despedirse de su padre tres horas antes que fuera fusilado, y le pidió al cura militar Diego Muñoz que se la entregara la muleta a su padre, ese cura nunca se la entregó.

En el campo militar de Llancahue del regimiento Coraceros de Valdivia, y que estaba bajo el mando de Santiago Sinclair, fueron asesinados José Liendo Vera, Fernando Krauss, René Barrientos, Pedro Barría, Luis Pezo, Santiago García, Víctor Saavedra, Sergio Bravo, Rudemir Saavedra, Enrique Guzmán, Victor Rudolph, Luís Valenzuela.

Por estos días los calendarios se llevan de memoria, en nuestros miristas la memoria está siempre…

(1)La misión era matar. Jorge Escalante. Editorial LOM

(2)“El ataque al cuartel de Neltume fue prefabricado por carabineros”. General Héctor Bravo. Declaración ante la Comisión Rettig

No more articles