A cien años de la Revolución Rusa, parte 3

Alejandra Castillo: “El cuerpo del capital, descansa en la explotación del cuerpo de las mujeres”

La académica rescata que las feministas aportaron al debate por la emancipación el principio de que "no solo la contradicción capital/trabajo está en la base de la explotación sino que la contradicción entre trabajo/familia también lo está".  Demandas como la despenalización del aborto, el divorcio, la garantía de los derechos políticos de las mujeres y la institucionalización de una estructura del cuidado "que liberaría a las mujeres del trabajo doméstico" formarían parte de la vida los primeros años de Revolución Bolchevique.

 

Usando como marco la conmemoración de los cien años de la Revolución de Octubre, pero también como provocación a lo que ella representa, es que se organizó el “Encuentro Feminista: feminismo y revolución”. Así lo afirma Alejandra Castillo, destacada académica de las universidades de Chile y Metropolitana de Ciencias de la Educación (ex Pedagógico). Alejandra no es solo una académica. Es feminista. Y ha dedicado buena parte de los últimos años a estimular la articulación del movimiento de mujeres.

El encuentro se desarrollará en la sede del Departamento de Filosofía de la UMCE, y su objetivo es poner en diálogo diversos saberes, prácticas y experiencias del feminismo actual.

“Tomamos como marco y provocación de este Encuentro la celebración de los 100 años de la Revolución Rusa. Y digo provocación, pues sabemos que la tradición política que se abre con la revolución con dificultad ha asumido la política del feminismo”, apunta Castillo.

De hecho, Alexandra Kollantai, una de la dirigentas e intelectuales bolcheviques, activa organizadora de la vida social en contexto revolucionario, que contemplará dentro de las medidas la “despenalización del aborto, la aprobación del divorcio, la garantía de los derechos políticos de las mujeres y la institucionalización de una estructura del cuidado que liberaría a las mujeres del trabajo doméstico” según Castillo. Kollantai, cercana inicialmente a Lenin, terminará aislada precisamente por desafiar algunos supuestos que imposibilitaban la igualdad radical entre mujeres y hombres.

Para adentrarnos en los aportes que se realizaron desde el movimiento feminista, que mantuvo un rol protagónico en el ascenso de la Revolución de Octubre; construyendo una visión sobre la democracia y la explotación que rompió moldes conceptuales y culturales, es que El Ciudadano conversó con Alejandra Castillo.

 

Rescatar a las mujeres de 1917 habla mucho de una conciencia en el presente que vuelve a interrogar al pasado. ¿Cuáles son los debates que se proyectan al  presente?

La Revolución Rusa feminista va a poner de manifiesto que no solo la contradicción capital/trabajo está en la base de la explotación sino que la contradicción entre trabajo/familia también lo está. Sin embargo, ésta última muchas veces no es reconocida y se asume que el trabajo que se realiza en el espacio de la familia es producto del amor y abnegación de las mujeres. Es en esa zona mal entendida como “no productiva” donde, sin embargo, descansa el cuerpo del capitalismo. Dicho de otro modo, el cuerpo del capital descansa en la explotación del cuerpo de las mujeres.

Esta perspectiva abierta por el feminismo socialista de comienzos de siglo XX, ha tendido a ser abordada desde una mirada “meramente” económica, sin poner atención a la “materialidad paradójica” que sostiene al modo de producción. Esa materialidad no es otra que el conjunto de narraciones, mitos y relatos que describen a la familia y al amor en continuidad “casi natural” con las mujeres. De acuerdo a ello, los debates del feminismo hoy no parecen otros que aquellos que se articulan entre la economía y el deseo.

Creo que ese es el desafío para el feminismo contemporáneo, imaginar políticamente modos y medios de transformación del orden dominante (su explotación y opresión) sin volver a la vieja fórmula antitética que divide por un lado lo económico y por otro el régimen de representación.

Los debates que se abrieron en la izquierda con el proceso revolucionario en el que se enmarca la Revolución Rusa, han sido por largo tiempo abandonados. ¿Cómo rescatar el aporte del feminismo al proceso, que no se agota en 1917?

El feminismo plantea la opresión y la explotación en una zona, habitualmente, no vista: la familia como la unidad necesaria para la reproducción del capital a costa del trabajo impago de las mujeres. Así lo piensa Alexandra Kollantai aliada feminista de Lenin en los primeros años de la Revolución. Asumiendo ese presupuesto que se alojaba teóricamente en el texto de Friedrich Engels, “El origen de la Familia, de la propiedad privada y el Estado”, Kollantai pensó primero en la socialización del trabajo del cuidado, por ejemplo, en las guarderías infantiles, una idea retomada durante el siglo XX hasta hoy.

Estas medidas estructurales buscaban no solo volver explícito el orden de opresión y dominio que se reproducía, inadvertidamente, desde la “familia” sino que también para hacer posible que las mujeres ingresaran masivamente a la esfera del trabajo. Este es un tema complejo a 100 años de la revolución. Si bien las mujeres han ingresado a la esfera del trabajo, esto no ha implicado la completa autonomía de ellas y tampoco el fin de la opresión y explotación que sufren cotidianamente.

Otro costado del programa feminista de Kollantai iba en dirección de cuestionar el imaginario que enlaza a la familia: el amor. Se sabe que esta parte del proyecto de Alexandra Kollantai no es visto con buenos ojos por Lenin y, por ello, es removida del lugar central que tenía en la organización de la sociedad de la revolución y es enviada de Embajadora.

Hoy, este es un tema imprescindible en el debate y política feminista. No podemos dejar de preguntar y plantear los modos que es posible transformar el férreo vínculo que ata a las mujeres al orden de la “familia sentimental” y al amor romántico.

¿Qué implicancias tendría que este debate no hubiese sido frenado?

Si ambos ejes del programa feminista de la revolución hubiesen sido desarrollados por igual -esto es, si también se hubiese puesto atención a aquella “materialidad inmaterial” que sostiene y reproduce al capitalismo- la Revolución Rusa inevitablemente tendría que haber puesto en cuestión la traza heteronormativa que circula al modo de producción capitalista. En ese sentido, cuando en nuestro Encuentro situamos al Feminismo en cercanía de la Revolución, lo hacemos imaginando una política feminista que vincule lo social y lo cultural, las leyes y las letras, las instituciones y el cuerpo sin las jerarquías y valoraciones tradicionales.

 

¿Cuáles eran las unidades de organización de las trabajadoras? ¿Cómo se articularon las demandas?

Para responder esta pregunta tendríamos que volver a ese texto de Alexandra Kollantai: “La mujer nueva”. Desde el inicio se nos dice que la mujer nueva no está en el porvenir. Por el contrario, está “ya” en todos los espacios que constituyen lo social. Sin embargo, su trabajo está o bien invisibilizado, o bien menospreciado. Es por esa invisibilización y menosprecio que solo las mujeres privilegiadas son registradas por la historia en tanto “excepcionalidades”.

Contra aquella lógica del privilegio, por ejemplo, sea crea la Asistencia Pública cuya dirección estará a cargo de la misma Kollantai. En esa instancia y ella como comisaria del pueblo avanzará en la despenalización del aborto, la aprobación del divorcio, la garantía de los derechos políticos de las mujeres y la institucionalización de una estructura del cuidado que liberaría a las mujeres del trabajo doméstico. El feminismo, por ello, no es una política de “mujeres excepcionales” sino que es la política de la clase de las “mujeres”.

He ahí un punto en discusión con los feminismos de hoy. Si bien es necesario, urgente, poner atención a la estructura de dominio -legal económica-, también es necesario poner atención a los modos en que las mujeres son, y siguen siendo, narradas desde el orden de la identidad y la “mismidad”. Solo poniendo en cuestión esta premisa de la identidad (que no es otra que la del origen y la propiedad), el feminismo será revolución en la medida que interrumpa la diferencia sexual entendida en desde un orden “reproductivo”.

¿De qué se trata el Encuentro que realizarán la próxima semana?

 

Este Encuentro está motivado por la necesidad de poner en diálogo saberes, prácticas y experiencias del feminismo actual sin la búsqueda de una certificación o de una acreditación “académica”. Si bien, la realización del “Encuentro Feminista: feminismo y revolución” será en las dependencias del Departamento de Filosofía de la UMCE (ex pedagógico), este encuentro también es excéntrico a dicho emplazamiento y, no podría ser de otro modo, el orden disciplinar e institucional, no ha sido un aliado del feminismo. De ahí que el “Encuentro Feminismo y revolución” sea también una perturbación al propio espacio universitario. Es un Encuentro. Y esta palabra la vinculamos a la ya larga tradición de los “encuentros feministas” en América latina.

Es por ello que esta instancia, a la que invitamos, no tiene otro objeto que generar diálogos desde prácticas/saberes situados del feminismo hoy, aquí. Tomamos como marco y provocación de este Encuentro la celebración de los 100 años de la Revolución Rusa. Y digo provocación, pues, sabemos, que la tradición política que se abre con la revolución con dificultad ha asumido la política del feminismo. Los temas que se expondrán van desde la propia pregunta de si el feminismo tiene vocación por la “gran revolución” o sus formas de intervención son, más bien, múltiples y micro. El feminismo que tomará escena en este encuentro se entiende como experiencia, política, estrategias, pero también como letra, cuerpo y artes.

Es a aquello a lo que invitamos en este Encuentro feminista: Feminismo y revolución a 100 años de la Revolución Rusa los días 18, 19 y 20 de octubre en el Departamento de Filosofía de la UMCE (ex pedagógico)

 

Javier Paredes Godoy @jparedesgodoy
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