La República lucía escandalizada. La fe les había propinado un escupitajo que, certero, era recibido directamente por la presidenta Michelle Bachelet bajo el grito de “¡asesina!”. Las iglesias evangélicas sermoneaban sobre el púlpito; la mandataria, silente, se mantenía sentada junto a la cabeza del Legislativo; y la multitud enardecida vociferaba. Todo transmitido por TV. Así resultó el Te Deum o “servicio de acción de gracias” de las iglesias evangélicas este año, en el templo Jotabeche.

Los llamados a recuperar la separación Iglesia-Estado, decretada en 1925, y a erigir un verdadero Estado laico no se hicieron esperar desde el mundo progresista. Mientras el conservadurismo pedía respetar la “libertad de expresión” en voz de los presidentes UDI y RN, el progresismo acusaba un ethos fascista en las iglesias evangélicas, a quienes la Dictadura les habría concedido espacio para terminar de aniquilar a la izquierda en el mundo popular y poner coto al antagonismo que cierto sector de la Iglesia Católica también quería ejercer contra el régimen.

Inmediatamente después, la cobertura de la prensa rescataba la idea de un posible Partido Evangélico. Su primer paso de constitución sería conquistar una bancada evangélica en el Parlamento.

Pero, a diferencia de la Iglesia Católica, que responde a una misma cadena de mando, las iglesias evangélicas son miles. Están tremendamente fragmentadas y responden a múltiples cadenas de mando. Y, mucho más que en el mundo de la izquierda, muestran una vitalidad para quebrar sus iglesias, reagruparse y fundar nuevas. En ese baile está involucrado también el mundo político. De derecha y Concertación. Incluso más a la izquierda.

Uno de los personajes disidentes más vistosos y gravitantes de esta danza es Enrique Vilches. El mismo dueño de Joyas Barón, formaba parte del templo Jotabeche, de la Iglesia Metodista Pentecostal -una de las “más de cien” catedrales que tienen las “más de 3 mil quinientas iglesias evangélicas en Chile”, según afirma- y que mantuvo activa relación con el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Se trata de la principal corriente de las iglesias cristiana, pero no es la única. De hecho, Vilches quebró con Jotabeche en los 90′ y fundó la Iglesia Metodista Pentecostal Universal.

Enrique Vilches, además, proviene de las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR). Y dice haber participado de su fundación. En conversación exclusiva con El Ciudadano, comparte sus opiniones políticas.

Del materialismo histórico al evangelio

Foto: Emol

Su despacho está ubicado al costado de la Plaza de Armas. En el segundo piso de uno de los locales de su cadena de joyerías. Al interior, se pueden apreciar las murallas atiborradas de decoración. Imágenes junto a diversas autoridades, hermanos y fieles. Entre las más vistosas, están las fotos de Salvador Allende, Miguel Enríquez y del Ché Guevara. Recuerda esos años.

“Soy de izquierda. Fui de los fundadores del MIR. Militaba en la Vanguardia Revolucionaria Marxista. Fundamos el MIR con Miguel Enríquez, Pascal Allende, Bautista Van Schouwen; ahí entre medio, estaba yo. Tengo una proclama que se llama ‘Insurrección Socialista’, donde firmamos la ruptura con el PS y nos íbamos a la VRM. Después del Golpe, me allanaron la casa y me robaron todo. Mi hermano, que era de la Fuerza Aérea, me invitó a la Iglesia Evangélica mientras militaba. Me dijo medio llorando: por qué no te metís. Yo dije: a lo mejor me pegan dos balazos menos por ser evangélico, y me metí.

Sabía que la gente por la que luchaba, y que estaba en la población, el barrio, con los problemas de un trabajador o un proletario, estaba en la población y era evangélica. Era difícil: Declararse socialista o comunista era ponerse una soga al cuello. Mucha gente sentía la necesidad de militar junto a un sector del proletariado, pero no se podía, no había cómo. Y yo lo viví en las poblaciones. Además trabajé con gente cercana a la Iglesia Católica, pero se fueron retirando. Me refiero a los movimientos de la Teología de la Liberación”.

Sucede que en sus orígenes el evangelismo no estaba asentado políticamente. Vilches apunta que hacia los años ’50 había afinidad con lo que sería la Democracia Cristiana, socialistas en menor medida y radicales. Por esos años se levantaba el principal referente para el mundo evangélico con especial protagonismo de uno de sus dirigentes históricos: Manuel Umaña, conocido como “el Papa de los evangélicos” y que fundó la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile. Ella ubicó su modesto templo en calle Jotabeche, en la calle del mismo nombre en Estación Central. Hoy coloquialmente, se le llama a las iglesias que se reúnen en este templo, simplemente “Jotabeche”.

Recuerda Vilches:

“Un momento histórico en que el mundo evangélico irrumpe en la política, fue en el tiempo en que uno de los próceres de los evangélicos, el obispo Manuel Umaña, pidió a su séquito de hermanos que salieran a la calle a gritar por un candidato presidencial, el radical Luis Bossay Leiva (1958). Eso fue público”.

Bossay Leiva, entonces militante del Partido Radical, pero que durante la Unidad Popular quebraría con el PR para fundar el Partido de Izquierda Radical, compitió ese 1958 quedando en cuarto lugar con un 15% de las preferencias. Ese año se elegiría a Jorge Alessandri Rodríguez, quedando Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva en sendos segundo y tercer lugar.

Pacto pinochetismo-Jotabeche: “El es el amén, el No es el diablo”

Luego del Golpe de Estado, mientras se comenzaba a aplicar la política del terror, tortura y exterminio de parte de la dictadura cívico-militar, se creó el Comité de Cooperación para la Paz, o Comité Pro paz, que reunía a varias cabezas de las iglesias cristianas y judías para ayudar a los perseguidos a sobrevivir al régimen. Las presiones del terror lograron doblegar la iniciativa y en 1976, con la venia del Papa, se crea la Vicaría de la Solidaridad por parte de la Iglesia Católica, a cargo del cardenal Raúl Silva Henríquez. Esta iniciativa cayó muy mal en el gobierno de Pinochet.

Manuel Umaña había muerto en 1964 y, sin la misma investidura, encabezaba ahora el pentecostalismo, Javier Vásquez. Al respecto, Enrique Vilches apunta:

Pinochet y el primer Te Deum Evangélico

“Las cabezas de la dictadura se acercaron a la Iglesia Evangélica. Ofrecieron como dádiva un servicio de acción de gracias una semana antes del católico. Un Te Deum Evangélico. Segundo, al obispo Javier Vásquez, le ofrecieron que pudiera internar vehículos sin derecho de importación, que creo que hasta el día de hoy está vigente. La Iglesia Pentecostal de Chile, podría importar los vehículos que quisiera para que los pastores hicieran negociados sin pagar derechos de importación. Así nace el Te Deum.

Y había que lidiar con una jerarquía evangélica comprometida con la dictadura, partiendo por el obispo Vásquez. Incluso, para el y el No dijo abiertamente a toda la iglesia: el Sí es el amén y el No es el diablo. Yo no podía rebatir en ese momento. En otros sectores nos reuníamos y hacíamos lo posible por ayudar, pero la Iglesia Evangélica fue férreamente pinochetista durante la dictadura. Esos rasgos quedaron hasta el día de hoy. Especialmente en Jotabeche”. 

Especial protagonismo aquí habría adquirido el Consejo de Pastores, que según Vilches era “el sector derechista de los evangélicos y donde había varios pastores absolutamente pro dictadura”. Este grupo habría incidido, a través de pagos, “para levantar la voz de los evangélicos con la dictadura”. Como contracara, “el que hablaba contra Pinochet era expulsado y marginado, porque estaba prohibido”, asegura el pastor.

Sumar nuevos hermanos

La fe evangelista se ha masificado en Chile. Aunque la católica sigue siendo la protagónica, según las cifras del Censo realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas del año 2012, las iglesias cristianas suman el 16,4% de los mayores de 15 años, asentados principalmente en las regiones Metropolitana (723 mil), Bío-Bío (487 mil), La Araucanía (193 mil) y Valparaíso (145 mil). ¿Cómo han crecido tanto las últimas décadas?…

Vilches entregas luces al respecto:

“Imagina que eres junior en tu empresa. Como junior te tratan de allá para acá, anda a comprar cigarros y la weá. Entonces, laboralmente nadie te reconoce. Eres un junior, tienes que hacer los mandados. Te hacen portero en la iglesia, sin mayor trámite. Luego, empiezan a llegar los hermanos y te saludan, y te dan la mano y te abrazan: ¿Cómo está hermano? Tú venís de la pega, donde te suben y te bajan, y estái ahí en la puerta, y llegan cien personas, recibes cien abrazos, dándote las buenas nuevas y bendiciéndote: que el señor le bendiga hermano, que rico que esté aquí con nosotros. Entonces, tú ves la diferencia entre tu realidad laboral y tu militancia evangélica.

Te empieza a gustar el trato.

Después de un mes, te mueven a ser pasillero, cuidando que los niños no corran y cosas así. Te paseas por la iglesia y te dicen: Hermanito, por favor, ¿usted me daría permiso para ir al baño?. Chucha. Si a este weón no le doy permiso, se va a hacer pichí aquí. ¿Cachái? Empieza a saborear un poco el poder. Todos esos cargos y dádivas de poder vienen de arriba y empiezas a defender esa estructura.

Si te enfrentas a ella, quedas en la banca.

Cuando eres predicador -autoridad máxima en una iglesia, como un párroco en la católica- a mí me han dicho: Va a estar de cumpleaños mi esposo el domingo, me gustaría que nos diera la bendición y que nos acompañe. Porque para ellos es una bendición ir a la casa. Yapos. ¿Qué le gustaría comer? Chuta, la fiesta va ser a mi gusto. Si no me gusta el pollo, no va a haber pollo; si no me gusta el pavo, no va a haber pavo.

Ahí ya no te fijas si la jerarquía es de la UDI, o fascista, sino que te mantenga el cargo en que te dan beneficios.

La estructura es la que manda, por eso es difícil que un hermano se libere. Muchas veces se pregunta al pastor: ¿Por quién hay que votar hermano? No se piensa. El pastor ilumina a la oveja en el pensamiento que tiene. Es fácil mantener a las ovejas, llevándolas hacia donde tú querís”.

Diálogo político

Salvador Pino Bustos

Pero ir a votar y hacer un partido político son cosas distintas. Se ha evaluado en el mundo evangélico conformar una agrupación derechamente política. Y Vilches ha participado de esos esfuerzos. Incluso levantaron la candidatura presidencial de Salvador Pino Bustos en 1999, la que fracasó porque no juntaron las firmas necesarias para la inscripción.

“La verdad es que los evangélicos no son de la contingencia. Les cuesta mucho movilizarse. Cada uno tiene su punto de vista y no se comprometen mucho. Lo de Salvador Pino no duró mucho. Llenamos el Caupolicán, lo proclamamos, pero no juntamos las firmas. Al poco andar me di cuenta que él le vendió los votos de los evangélicos a Joaquín Lavín en el mismo proceso eleccionario. Casi le pegué”, recuerda Vilches.

Otras iniciativas sí han tenido éxito. No se trata sólo de las prebendas negociadas con la dictadura para enfrentar las tendencias más izquierdistas de la base católica. Se trata de algunos hitos públicos. Nada espontáneo.

Enrique Vilches repasa esa época:

“Hacia la Transición, Jotabeche se intenta acercar a la democracia. El primer paso que se da, es que el obispo Javier Vásquez se va a Singapur y, a la vuelta, pide a todo el circuito de Jotabeche que lo vaya a recibir al aeropuerto, en Pudahuel. Pero con un gran escándalo, parando la locomoción. Yo recibí al obispo en mi Mercedes Benz. Recuerdo que Enrique Silva Cimma -quien en ese momento se desempeñaba como Canciller de Patricio Aylwin- venía llegando también. Preguntó qué pasaba y se impresionó mucho. Había fuerza social. Ahí desde el mundo político empezaron a mirar y acercarse.

Cuando llega Aylwin, tiene una relación más fría hacia este mundo. Por ejemplo, sacó de los beneficios del Te Deum que éste se transmitiera por televisión abierta (N. del R.: solo por el año 1990, la transmisión televisiva no se realiza a través de TVN, sino del canal universitario RTU). Se hicieron reuniones, de las cuales participé, porque estaba en ese tiempo en Jotabeche, para que se pudiera seguir haciendo el servicio de acción de gracias hasta el día de hoy”.

Uno de los momentos de mayor auge se produce bajo el alero del gobierno de Eduardo Frei. Vilches desarrollará una relación de confianza, a través de su hermano, con el propio Presidente. Pero el éxito de la relación es, también, el comienzo del quiebre entre Vilches y la Iglesia Metodista Pentecostal. El factor de ruptura serán los cientos de millones de pesos que comenzarán a correr desde el Fisco, pasando por el culto cristiano, pero llegando a algunos bolsillos privados. Frei asistirá disciplinadamente a los Te Deum durante su mandato. Excepto el último año.

“Mi hermano menor, Mario, se acercó a la DC porque ellos en un primer momento eran quienes recibían con mayor simpatía a los evangélicos y estaban gobernando. Mandaron a mi hermano al comando de Frei para juntar apoyo de las iglesias a su campaña. Hubo mucha amistad y simpatía”, recuerda Vilches.

Las dádivas de la transición

Vilches apunta a Javier Vásquez, el obispo que también se hizo conocido por enfrentarse a él a través de matones que, luego de que quebraran su relación litúrgica, les corretearon de los templos que consideraban propios. Vásquez, también denunciado por investigaciones periodísticas, habría recibido subsidios estatales para financiar el culto. Este habría sido el punto de quiebre con Vilches.

La revista El Periodista informaba ya en 2003 que Vásquez negaba haber recibido aportes estatales, pero que tuvo que reconocerlo tras el quiebre con Mario y Enrique Vilches, quienes demandaban una transparentación del uso de los dineros del culto. Mario, el menor de los Vilches, declaró que Vásquez “al principio se negó, dijo que nunca le habían llegado esas platas”, para luego reconocer que “los 21 millones de pesos de subvención estatal los había transferido a su hijo, Jorge Vásquez, para la construcción de una iglesia de más de 5 mil metros cuadrados en Maipú, y con una capacidad para 8 mil personas”.

Los informes, denuncia Vilches, habrían sido filtrados por otro obispo para poder escalar jerárquicamente.

El Periodista agrega en su reportaje que, en carta del 15 de septiembre de 1995 destinada al pastor Javier Vásquez, y suscrita por el entonces Director de Asuntos de Gestión de la Presidencia de la República, Rodrigo Moraga Guerrero, se consigna que “su solicitud de subvención para la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, fue aprobada (…) y que por oficio N°95/1703 (…) se ha solicitado al Ministerio de Hacienda inicie el proceso de pago (…)”.  Y en otra misiva de marzo de 1996, se destina un monto de 50 millones de pesos por el mismo concepto. Vásquez volvería a solicitar 315 millones de pesos, ahora “para ayudar a finalizar el citado proyecto que estamos seguros será de beneficio para toda la comunidad de Maipú”.

Apunta Vilches al respecto:

“Frei, por medio de (Andrés) Zaldívar, consiguió una subvención de 300 millones de pesos, pero el obispo Vásquez la metió a su cuenta corriente, que fue una de las causales por las que yo me retiré. Aunque es lo mínimo. A mí me robó 100 millones. Ahí quedó la cagá. Mi hermano solidarizó conmigo y nos fuimos. Agarró a chuchadas al obispo y todo lo demás. Y cuando Frei se entera, no va al Te Deum y manda a una autoridad en su nombre.

Luego, Lagos, que era medio maricón, un año quebró con Jotabeche, hace el servicio en Curicó, pero luego lo hicieron cambiar de opinión. El obispo Eduardo Durán vendió los informes de malversación a mi hermano, Mario, para echar a Vásquez. Corrupción al máximo”.

El obispo Durán Castro es padre de Enrique Durán Salina. Este último fue quien tomó la palabra en el Te Deum y fustigó a Bachelet. Actualmente es candidato a diputado por RN, partido en el que milita desde hace años. Anteriormente fue gobernador en la 8ava región durante el gobierno de Sebastián Piñera. Hoy forma parte de su consejo ciudadano.

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