A cien años de la Revolución Rusa, parte 2

Luis Thielemann, historiador: “El socialismo no se trata de que las cosas sean gratis, sino de la posibilidad de convivir”

El académico plantea la necesidad de rescatar algunos debates estratégicos librados en torno al proceso ruso y a la intención de una revolución de corte mundial. Este esfuerzo fue sostenido por una generación dorada de revolucionarias y revolucionarios "que se encontraron quebrando sus partidos". Clases sociales, Partido Político y Utopía vuelven a cobrar vigencia en el Chile de 2017. "Sigue habiendo lucha de clases y que ello implica que la sociedad tienda a la crisis económica. Eso hace necesaria y posible la revolución", afirma Thielemann.

 

Los ecos de la Revolución de Octubre y la égida bolchevique -considerado el evento más relevante del Siglo XX- resuenan fuerte hasta el día de hoy. Y buena parte de los debates que abrió conservan vigencia. Es que nunca se agotaron.

La realización misma de la revolución en Rusia, su frustración en el resto de Europa y la posterior sepultura que el “marxismo-leninismo” de Stalin dio al fructífero debate estratégico de toda una generación, imposibilitaron que las discusiones se proyectaran

Hoy, cuando algunos sectores de la izquierda a nivel mundial vuelven a proponerse una rearticulación, con un capitalismo de fondo que también ha mutado, pero que no cambia su tendencia a la crisis; se vuelve ineludible volver sobre los debates, análisis e iniciativas que toda una generación de revolucionarias y revolucionarios sostuvieron.

El historiador y académico de la Universidad de Chile y Finis Terrae, y parte de la Fundación Nodo XXI, Luis Thielemann conversó con El Ciudadano para profundizar sobre algunos de estos aspectos.

LA GENERACIÓN DORADA

La Revolución Rusa no se agota en Rusia ni en Lenin. Hubo una generación de revolucionarias y revolucionarios europeos que constituyeron el esfuerzo mundial. ¿Qué se puede decir sobre ellos?

Hay dos formas de la izquierda en el amanecer del siglo XX en Europa. Una corresponde a lo que queda del viejo anarquismo revolucionarista francés; muy ligados a esa impotencia política que deja ver las acciones violentas, es decir, a tomar las armas por no poder hacer política. La segunda forma es la socialdemócrata, que es muy obrerista y clasista, pero se dedica a esperar a que la revolución en algún momento pueda ocurrir, y a administrar la posición obrera al Capital.

La generación revolucionaria del siglo XX rompe esas tradiciones. Es una izquierda que se pasa a una construcción muy científica de una lectura sobre cómo establecer cuáles son las condiciones objetivas para la revolución y, a la vez, construir las condiciones subjetivas: articular partidos y movimientos. Son dirigentes sindicales, que producen libros que aunque hoy son de estudio académico, se escriben mientras están presos, notas clandestinas.

Se caracterizan por ser una izquierda obrerista radicalizada y de minoría. Estarán en los grandes países industriales europeos, excepto Inglaterra. Además, al terminar la Primera Guerra Mundial, desatarán movimientos revolucionarios que van a intentar emular el ejemplo de Moscú: lo entenderán como el momento de la revolución obrera mundial.

Son militantes, no académicos, que se propone hacer la revolución. Así se encuentran. Todos quiebran sus respectivos partidos entre 1914-1918, en su mayoría socialdemócratas, cuando se dan los votos de los créditos que financian la guerra. Y no pues. La clase obrera no tiene patria y no va a la guerra.

EL DEBATE ESTRATÉGICO DE LA IZQUIERDA

Plantearse una revolución a nivel mundial no es cosa poca. Implica, además de la convicción, una estrategia ¿Cuál era ese debate?

Habrá un debate estratégico. Sobre todo a la luz de que no se dio tal revolución mundial. Por un lado, Rosa Luxemburgo se plantea el problema de la democracia y la insurrección obrera. Trotsky se matricula con la idea de que el modelo ruso es exportable. Lenin entrará en confusión. Y Gramsci apuntará lo que considero el paño frío que más importa: Que occidente no es lo mismo que oriente. Es decir, que las instituciones de Rusia tienen una historia muy distinta de la historia de la Europa burguesa y por eso es imposible replicar el formato bolchevique. En la Europa burguesa hay instituciones de la sociedad civil. En Rusia, todas las instituciones eran del Estado zarista.

Ese debate se acabará rápido: Gramsci es aislado 11 años en la cárcel y muere un año después de salir. Luxemburgo es asesinada. Trotsky exiliado y convertido en un renegado con el que no se puede hablar. Lenin muere preocupado de Rusia. Así termina esa generación.

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE, HOY

Del proceso de la Revolución Rusa, ¿qué elementos pueden rescatarse para el presente?

Lo primero es la convicción: O estás dispuesto a hacer la revolución o no lo estás. Eso no significa salir a disparar una pistola y morir, como los que creen que esa pregunta se responde con mártires. Se trata de decir: Ok, demorémosnos 50 años donde los bolcheviques se demoraron 10, evitando el costo humano. Pero empecemos hoy. ¿Qué hay que hacer? Partamos mucho más atrás del asalto de las masas organizadas al poder. Construyamos condiciones para que esa masa organizada se cree, pero demos pasos concretos.

Segundo, la idea de que si vas a hacer el enorme esfuerzo humanos que implica transformar las condiciones cotidianas de producción y, por tanto, las formas de vida y valores de las personas para liberarlos de las cadenas que implican dedicar la vida propia a hacer rico a otro; tienes que hacerlo sobre esas promesas: la libertad, la igualdad.

Se trata de construir un nuevo sentido común. A la larga, producir una nueva humanidad. Sino, no vale la pena. Algo de eso logró asomar el movimiento estudiantil, por ejemplo. Cuando se empeñó en explicar que los hijos de los ricos también debían estudiar gratis.

El socialismo no se trata de que las cosas sean gratis, es la posibilidad de convivencia de convivir. Reducirlo a lo monetario da cuenta de nuestra incapacidad de imaginar algo sin estar asociada al costo monetario, de modo que el límite máximo siempre es si algo es o no gratis. Y hay cosas que en realidad están fuera del mercado.

Esto es como dice Marx: Terminemos con la prehistoria de la humanidad. Terminemos con el hambre para ocuparnos de cosas de verdad humanas. Tenemos el cerebro más desarrollado de todos los seres vivos conocidos y todavía estamos preocupados de conseguir agua potable. Y la gente con muchos recursos ¿qué hace? se compra autos de oro, se compra islas para vivir solos. se compran 20 motos, su cuerpo solo puede usar una. compran ropa que por razones fantasmagóricas cuestan 100 veces su valor de producción.

Por último, es posible. Pasó. No se puede borrar de la historia. La Revolución Rusa ocurrió. Realmente los obreros formaron un partido que tuvo programa y cabeza política propias. Realmente ese partido se tomó el poder y realmente gobernó a nombre de los obreros. Sin duda cometió errores. Pero lo hizo. Y eso fue mejor que el zarismo.

Había un debate abierto sobre las clases sociales y cuáles eran las que podían sostener una revolución. Los bolcheviques se casan con el carácter obrero. ¿Qué pasa con las clases sociales en el presente?

Los obreros eran minoría, pero podían tomar el poder. Y la idea del carácter estratégico de la clase obrera, queda probado. Hay elementos históricos que considerar. Por ejemplo, que era la clase que componía el ejército.

La pregunta para el presente es: ¿Qué sector social puede hacer una revolución de carácter socialista? y, antes de eso: ¿Cuál es la forma concreta de la lucha de clases hoy en día? Estas preguntas adquieren sentido en función de que sigue habiendo lucha de clases y que ello implica que la sociedad tienda a la crisis económica. Eso hace necesaria y posible la revolución.

Otro debate relevante es el de la construcción del partido político. El estalinismo invisibilizó tal debate al imponer el molde soviético bajo el concepto del “marxismo-leninismo”. Pero hay diferencias entre lo que Marx y el propio Lenin planteaban en la materia.

El partido para Marx en la famosa carta a Freuligrath, cuando le dice “yo nunca entendí el partido en el sentido orgánico del término; sino siempre entendí el partido en el sentido histórico”, se refiere a aquella franja de  luchadores que entiende que se tiene que constituir en Estado aunque sean de organizaciones distintas. La Unidad Popular chilena para mi es eso. Fragua generaciones distintas de luchadores, bandos distintos de distintas clases que forman una primera línea del movimiento popular. Eso es lo que también forma la Revolución Rusa, distintos bandos forman una franja de luchadores que toma conciencia de que ese era el momento y se toma el Estado.

Cuando se produce bajo el mandato de Stalin el concepto del “marxismo-leninismo”, que se refiere al marxismo como teoría de la revolución y el leninismo como método; reduce una discusión que había sido una tradición teórica construida en la práctica concreta y, por tanto, en cada situación la cosa era distinta porque el estudio de esa situación era lo que determinaba cómo actuar. Eso es reemplazado por un “método” y eso es una aplanadora.

Lenin dice que la revolución no se espera, se organiza. Hay que prepararla. Y eso lo hace un partido. No como máquina, sino como acuerdo en una dirección. Y eso crea alianzas de clases aspirando al poder. Se trata de que el pueblo puede desarrollar su propia inteligencia para realizar sus fines.

Javier Paredes Godoy @jparedesgodoy
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