Una concesión gratuita por cinco años de los Geoglifos de Chug Chug, ubicados en la comuna de María Elena, a 35 km de Calama, hizo el Ministerio de Bienes Nacionales a dos comunidades indígenas de la zona, para fines de investigación, conservación y puesta en valor patrimonial del que es uno de los sitios arqueológicos más importantes del país y el segundo con mayor número de estas ancestrales representaciones, después de los Geoglifos de Pintados, en la Pampa del Tamarugal de Tarapacá.

Según consigna La Tercera, en las 19 mil hectáreas de Chug Chug se distribuyen más de 560 figuras de gran tamaño y visibles a gran distancia, que dan cuenta del intenso uso que las comunidades de la zona, principalmente atacameñas y aymaras, dieron a esta ruta desde el periodo prehispánico, hasta avanzado el mismo siglo 20.

Desde la Fundación Desierto de Atacama explican que “los geoglifos son un tipo de arte rupestre que consiste en el uso de la superficie terrestre como soporte para la construcción de imágenes de gran tamaño y visibles a larga distancia. Son una manifestación poco frecuente en el mundo, con unos pocos ejemplos en Gran Bretaña, Australia, Estados Unidos y la Península Arábiga, destacando ampliamente a nivel mundial el desierto andino de Chile y Perú. Los más conocidos son los de Nazca, que son Patrimonio de la Humanidad, sin perjuicio de que tanto en Chile como en el Perú existen cientos de otros sitios de geoglifos de similar valor patrimonial, que merecen atención y resguardo”.

Justamente, en 2016, los geoglifos de Chug Chug fueron incluidos por la World Monuments Watch en la lista internacional de los 50 sitios en peligro mundial, junto a otros sitios de envergadura mundial como Petra, en Jordania, o la Isla de Pascua, en nuestro país.

Con estos antecedentes, y tras un trabajo de 2 años impulsado por las organizaciones locales junto a la Fundación Desierto de Atacama, el Ministerio de Bienes Nacionales decidió entregar a las comunidades indígenas Aymara de Quillagua y Atacameña Chunchuri, la concesión de 15 mil hectáreas repartidas entre las comunas de María Elena y Calama.

Tomás Sepúlveda, director de Proyectos de la Fundación, declaró a La Tercera que “estos geoglifos están siendo amenazados y destruidos por distintas acciones: autos que se suben a los cerros a hacer rally, la actividad minera y también por el turismo informal. Por eso es fundamental este paso para entregar una mejor protección”.

Por su parte, el presidente de la comunidad Aymara de Quillagua, Víctor Palape, señaló que “llevamos dos años trabajando con la comunidad de Chunchuri para poder proteger de forma efectiva este patrimonio que nos dejaron nuestros abuelos, que son todos los pueblos que vivían en el alto El Loa”.

En ese sentido, desde enero de 2015 el área está siendo resguardada por las organizaciones locales, siendo atendida por jóvenes que fueron a su vez capacitados sobre su importancia arqueológica y los cuidados que se deben tener para protegerlos. Fue ese mismo año que la Fundación Desierto de Atacama presentó ante el ministerio de Bienes Nacionales el expediente para que la zona de Chug Chug fuera declarada Bien Nacional Protegido, figura de protección legal en la que el Estado se auto destina áreas de alto interés de conservación.

Para conocer más sobre los geoglifos y el trabajo realizado en el norte de Chile por la Fundación Desierto de Atacama, click aquí. 

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