Warria. Temuco es una ciudad que parece no cerrar la respuesta. Definir un lugar, un sentido. La gente lleva una prisa anormal, como si algo los tuviera en preocupación constante. Cierta arisquez marca gestos y acciones. Será que no calza el contorno de ciudad grande chilena con emplazarse en uno de los centros del país mapuche.

Son los días de la huelga de hambre de los 4 comuneros acusados de la quema de templos cristianos. Frente a la cárcel, en avenida Balmaceda, permanece el acampe en solidaridad. Un fogón, un mate que va de mano en mano. El humo pinta un velo sobre las banderas, las pancartas y las siluetas de hombres y mujeres. Un rewe ha sido instalado en el prado. De fondo, allá en avenida Caupolicán, flamea la gigantesca bandera chilena que el reduccionismo patriotero quiso poner en cada capital regional. Pero la realidad funciona mejor que la metáfora, y uno piensa en que llegará el día en que ese pendón tan torpe en su grandilocuencia, tendrá que compartir espacio con otro, con otros; si es que esos otros/otras así lo deciden.

Welul ni zugu. Al acampe me cita Rafael Pichun, oriundo de Temulemu, hijo del recordado lonko Pascual Pichun y referente de Los Werkenes del Amor, la expresión musical que no sólo combina el corrido mexicano, la cumbia y los sonidos vernáculos mapuche, sino también crónicas de rebeldía y toma de conciencia. “Acá es donde uno debe estar ¿no? Uno es un werken”, comenta al saludarme.

Un werken es un mensajero y una autoridad dentro del mundo mapuche. Rafael Pichun era ya reconocido cuando, hace algunos años, en Ercilla tras un festival, se puso a guitarrear sus corridos junto a otros músicos. Esa noche, Jorge Huenchullan, de la Comunidad Autónoma de Temucuicui, lo presentó como El Werken del Amor. Era una broma, pero quedó.

Desde su mirada, Pichun se sentía en una contradicción: “Un werken es una persona muy conectada a la espiritualidad mapuche y debería acercarse lo menos posible a lo occidental, y yo hago todo lo contrario. Me alejo para acercar los elementos, según mi visión… Es una contradicción mía porque si le preguntas a un peñi o a otro werken, dirá que es bueno lo que hago”, señala.

A Pichun desde niño le interesó la música. Cantaba en asados y actividades en comunidades dispersas entre lomas, bosques y caminos de tierra. Cuando llegó el tiempo de componer, primero fusionó lo mapuche con el folclor latinoamericano. Luego pasó a la trova y ahora despliega esta experiencia de weichan corrido, como la denomina: Corrido guerrero: Corrido rebelde mapuche.

“Al igual que a la gente en las comunidades, me gustan mucho los corridos”, declara. “Escuchaba a Antonio Aguilar y Amparo Ochoa porque a mi viejo le gustaba. También a los Reales del Valle. Me interesaron los corridos zapatistas, revolucionarios. Al estudiarlo, supe que es una expresión cultural. No se puede decir cualquier cosa sino hechos reales, importantes. Entonces, las canciones que compuse fueron sobre casos verídicos. Ahí calcé con el sentir de los peñi”, señala.

Apunte del terreno. Es evidente la popularidad de la música de raíz mexicana en la zona rural y, especialmente, en el sur chileno/Ngulumapu mapuche. Desde hace más de medio siglo, merced a lo difundido en películas protagonizadas por Miguel Aceves Mejía y Jorge Negrete, corridos y rancheras se propagaron hondamente. Hoy se cuentan por centenares los exponentes, como las distintas versiones de Los Charros de Lumaco, Los Luceros del Valle, Los Ruiseñores de la Frontera, Los Prisioneros del Sur o el Grupo Explosión, que editan cds que se venden, más que nada, en ferias y cunetas y se presentan en festivales rancheros, mientras sus videos se exhiben, una y otra vez, en los cerveceados wurtlitzers digitales de bares y cantinas.

Pero algo ocurre con las letras. Como que no hay más tema que la anécdota amorosa, festiva, ebria o solitaria. Ahí radica la explosiva singularidad de Los Werkenes del Amor. Las letras de Pichun relatan una épica mapuche. Algo que no existía hasta hace algunos años y que lo emparenta con Los Tigres del Norte. Historias de amores rebeldes, peñis que viven fondeados de la policía o se galvanizan en la lucha de recuperación. “Para mí la música es un instrumento para hacer política”, plantea.

Rupu. Como Werkenes del Amor, Pichun recorre diversos nudos de la geografía mapuche. Así surgen las canciones, sea por petición de peñi o lamgen, o por experiencias personales. En cada lugar se acompaña con músicos locales. Además, en YouTube se encuentran los videos y el audio de algunas presentaciones. Entre estos destaca un éxito: La cumbia “Lamgencita”:

La vi tirar aquella piedra/que produjo una explosión/Su mirada de rebeldía, me provoca pero ella no me quiere dar amor/Ella me pide que deje la parranda/ porque ella quiere la liberación”.

“Hay cosas que no puedo decir porque la gente no me a escuchar pero, cuando las digo cantando, sí”, complementa Pichun. “Es un mensaje político pero es una realidad muy fuerte en las comunidades. Hay gente que está perdida en el alcoholismo. Entonces si alguien escucha las letras puede pensar en cambiar porque las lamgen se merecen su respeto; que ellas tengan su vida más agradable, más digna. Hoy las lamgen han alcanzado su propio nivel de protagonismo”, dice, y ejemplifica con la machi Francisca Linconao, Lorenza Cayuhan y decenas más. Incluso, casos trágicos como Macarena Valdés.

Este corrido está emparentado a “Qué hermosa es usted”, una declaración de amor a una belleza rebelde: “No es el estereotipo de una flaca, con curvas, como muestran en la tele. Posiblemente una lamgen tenga las manos llenas de heridas porque trabaja la tierra; quizás anda transpirada porque trabaja todo el día; quizás es gordita. Esa es la belleza a la que yo hablaba”, reflexiona.

Otros corridos cuentan las historias de mapuches de hoy, que se enfrentan a la policía militarizada para recuperar sus tierras. Hay uno dedicado al Gato, de Lleu Lleu. Una línea señala:

Yo soy un mapuche rebelde/ La tierra me está acompañando”.

“La idea del corrido es darle ánimo al weichafe (guerrero) frente al bombardeo de los medios que lo tildan de terrorista, de delincuente. Que el weichafe tenga su forma de expresión”, argumenta.

Consciente de lo anterior es que a Pichun no le interesa ir a eventos donde sabe que va a encontrar una concurrencia ebria o en pura juerga: “Uno promueve la rebeldía pero a través de la responsabilidad. En mis canciones hago un llamado a la liberación del pueblo mapuche”, explica.

Actualización. Dos días después de esta entrevista, desde el acampe de avenida Balmaceda, las FFEE toman detenido a Patricio Curiche, en el marco de la llamada Operación Huracán. Entre la bruma de las lacrimógenas, las imágenes funcionan como un bucle de siglos.

Post data:

Warria: Ciudad
Welul ni zugu: Contradicción
Rupu: Camino, recorrido

Artículo publicado en la edición nº 217 de la revista El Ciudadano

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